Las campañas del níspero y la cereza de Alicante se saldan con un balance atípico y negativo

Alicante hace balance de las campañas del níspero de la Marina Baixa y de la cereza de la provincia en sus dos principales zonas productoras, la Montaña de Alicante y Villena, y concluye que para ambos cultivos ésta ha sido una temporada negativa y atípica marcada, por un lado, por elevadas mermas de producción como consecuencia de un tiempo inusual, con muchas lluvias en época de floración y elevadas temperaturas en el proceso de maduración; y, por otro, por un incremento en los costos de producción debidos al COVID-19, como la falta de mano de obra cualificada y el hándicap de los desplazamientos en vehículos a las explotaciones, que ha ocasionado un verdadero quebradero de cabeza y problemas de operatividad a los empresarios agrícolas.

Aun así, los agricultores coinciden en que la fruta que se ha podido recolectar ha sido gracias al esfuerzo sobrehumano de la población de cercanía que ha decidido a trabajar en el campo, sobre todo parados de la hostelería y estudiantes. 

Campaña atípica y negativa para el níspero y la cereza de la provincia. Dos de las producciones más emblemáticas del agro alicantino y que suponen un puntal socioeconómico importantísimo para algunos de los pueblos de interior, donde además de fijar población en zonas rurales, suponen una dinamización económica clave para su economía y generan un negocio vinculado al agroturismo muy importante.

Por ello, Jóvenes Agricultores Asaja Alicante hace balance de las campañas del níspero de la Marina Baixa y de la cereza en sus dos principales zonas productoras, la Montaña de Alicante y Villena, y concluye en que para ambos cultivos ésta ha sido una temporada en la que, a los problemas generados por el confinamiento a causa del COVID-19, se han unido episodios climáticos atípicos que han mermado gran parte de la cosecha.

En cuanto al níspero de la Marina Baixa, este año había una previsión de entre 12 o 13 millones de kilos y, finalmente, la cosecha se ha quedado en 10 millones. Se han perdido alrededor de dos millones de kilos como consecuencia directa de las altas temperaturas registradas a primeros de mayo, cuando durante cuatro o cinco días se rebasaron los 30 grados en un momento en el que el grado de madurez del fruto había llegado casi a su punto óptimo, provocando que no diese tiempo a su recolección y a que se ahogaran cientos de kilos que se quedaron en los árboles, unos pasados y otros por no alcanzar el calibre necesario.

A esto hay que sumarle las consecuencias directas provocadas con motivo del confinamiento de la población. Dificultades que implicaron, por un lado, no disponer de mano de obra cualificada en la recolección en campo y, por otro, los problemas en los desplazamientos de los trabajadores a las explotaciones agrarias por las limitaciones de movilidad que existían, con motivo del mantenimiento de la distancia de seguridad. Hechos que han incrementado en un 20% los costes de producción. “Entre que el agricultor se tiraba dos horas para bajar al personal al campo por las limitaciones de personas en los vehículos y la falta de mano de obra cualificada, que son los temporeros extranjeros que trabajan en estas campañas todos los años y no pudieron salir de sus países de origen, los cuales conocen perfectamente la técnica para la recolección de un fruto tan sensible y van a un ritmo alto de recogida, los costes de producción de los empresarios agrícolas se han disparado. Si es cierto que lo que se ha recolectado ha sido gracias a esta mano de obra de proximidad que tanto reclamamos y de la que, por suerte, al final pudimos disponer. Es de agradecer que esta gente se implicara en las tareas del campo y hay que decir que lo que se ha salvado esta campaña ha sido gracias a la hostelería de Benidorm y a los estudiantes de la comarca”, afirma Rafael Gregori, presidente de Asaja en Callosa d´En Sarrià.

Asimismo, a estos elementos añadidos en los costes de producción, también hay que sumar que los portes de la fruta han costado el doble de lo normal ya que, por ejemplo, el níspero, que finalmente si ha podido acceder a su principal mercado, Italia, lo ha hecho en camiones que volvían vacíos, con lo que, al no haber retorno de mercancía, se incrementan notablemente los gastos de transporte, algo que se verá reflejado en el precio a percibir por el agricultor desde las cooperativas.

Otro factor perjudicial para el níspero ha sido el cierre de los mercadillos ambulantes en los pueblos y ciudades, que son importantísimos puntos de venta del níspero de segunda y tercera categoría, con lo que toda esa fruta se ha perdido porque no ha encontrado salida. “En resumen, todos los agricultores coincidimos en que esta ha sido una campaña complicadísima en todos los aspectos: recolección, manejo y comercial y que, si se ha podido salvar algo, ha sido por la colaboración y el esfuerzo de agricultores y población y por el sentido común de todos”, afirma Gregori.

Cerezas Montaña de Alicante

El caso de la cereza de Alicante con Indicación Geográfica Protegida, Cerezas Montaña de Alicante, ha sido más caótico todavía. Si bien es cierto, este cultivo cuenta con dos zonas muy diferenciadas de producción, el Alto Vinalopó, principalmente Villena, y la Montaña de Alicante en las comarcas de la Marina Alta y el Comtat. Y, afortunadamente, no han corrido la misma suerte.

En la Montaña de Alicante los agricultores afirman que nunca han visto nada igual. Y es que, esta ha sido la peor campaña que muchos recuerdan porque, “prácticamente”, ha sido inexistente. Las persistentes lluvias del mes de abril afectaron a la floración y terminaron por pudrir parte de las flores, y las últimas lluvias del segundo fin de semana de mayo remataron lo poco que había quedado en pie, provocando que no se haya alcanzado ni un 10% de la cosecha. Esto se traduce en que, si una cosecha normal ronda entorno a un millón de kilos, este año se habrán recolectado cien mil kilos. Un mazazo social y económico para una zona de interior donde numerosas familias viven de este apreciado cultivo y que ahora se encuentra en la mayor crisis que ha conocido. “El cultivo de la zona de la Montaña soporta unos costos de producción altísimos, debido en parte a la orografía del terreno, que no permite la mecanización de las tareas. Si nos encontramos cada dos por tres con mermas importantes en las campañas o, directamente, como ha ocurrido este año, con la ausencia de cosecha, es posible que la agricultura de la Montaña de Alicante se enfrente a su desaparición”, afirma Hilario Calabuig, desde la Cooperativa de Planes.

Mejor suerte ha encontrado la cereza de la zona productora del interior, como Villena, aunque los agricultores tampoco alzan las campanas al vuelo, ya que también ha habido mermas por las lluvias de abril, que afectaron al cuaje y las altas temperaturas de principios de mayo, que deshidrataron el fruto. Con esto, se han visto afectadas las cerezas tempranas y de media estación, con una merma del 80%, pero se espera una buena cosecha de la cereza tardía. En total, en la zona de Villena se encuentran al 70% de la producción y esperan recolectar un millón y medio de kilos, medio millón menos que en 2019. En relación a los precios, éstos son favorables debido a la falta de producción, tanto en la provincia como a nivel nacional, y están rondando los 2 euros el kilo en campo. Cotizaciones que esperan superar con las cerezas tardías, que empezarán a recolectarse a mediados del mes de junio.

 

Fuente: Asaja Alicante

 

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