Los jóvenes agricultores europeos protestan por unas condiciones de vida y de trabajo dignas

Mientras la agricultura de la UE se enfrenta a una crisis estructural socioeconómica y profesional, jóvenes agricultores de toda Europa han salido a la calle para pedir condiciones de vida y de trabajo dignas. Las protestas que se están produciendo actualmente en muchos Estados miembros son la expresión legítima de una larga frustración y de la sensación de no ser escuchados. El CEJA y sus Organizaciones Miembros se solidarizan con todos los jóvenes agricultores europeos, advierten contra los intentos de politizar e instrumentalizar sus reivindicaciones y llaman a mantener acciones pacíficas y constructivas.

Los bajos precios, el aumento de la complejidad normativa y administrativa, las prácticas comerciales desleales y el aumento de los riesgos han vuelto a poner de relieve la crisis profesional en la agricultura de la UE. Con un 6,5% de los agricultores por debajo de los 35 años, las nuevas generaciones de agricultores sienten que no pueden hacerlo todo, satisfacer las altas expectativas de los responsables políticos y de la sociedad y mantener al mismo tiempo sus medios de vida. 

Los jóvenes agricultores siguen comprometidos con la sostenibilidad, pero sienten que se les han impuesto objetivos sin medios prácticos para alcanzarlos. Sienten que deben comprometer su viabilidad económica y su bienestar social para alcanzar objetivos más elevados, temiendo que nunca se les reconozca justamente. El bajo nivel de coherencia entre las autoridades públicas, las instituciones bancarias y los operadores de la cadena de valor, pero también entre las políticas internas y comerciales de la UE, ha dejado a los jóvenes agricultores solos en la ejecución de nuestras ambiciones colectivas. Tenemos que resolver esto colectivamente. 

El CEJA pide a los responsables de la toma de decisiones que escuchen la desesperación de los jóvenes agricultores y que presenten una estrategia más amplia para la renovación generacional en la agricultura, que aborde las cuestiones de la atractividad del sector y que permita a las explotaciones rendir tanto en el frente económico como en el medioambiental. Los jóvenes agricultores están dispuestos a desempeñar su papel en el establecimiento de un diálogo constructivo, con el objetivo de encontrar soluciones a largo plazo por encima de los beneficios políticos a corto plazo. Para ello, la prioridad debe ser ultimar las iniciativas positivas pendientes que puedan crear valor añadido en la explotación y mantenerse al margen de los debates partidistas. 

Se necesitan conversaciones urgentes y difíciles para que los jóvenes puedan establecerse en el sector, obtener unos ingresos dignos, acceder a sus herramientas de trabajo (tierra, financiación, conocimientos) y beneficiarse de un reparto más justo en las cadenas de valor. Todos los niveles de gobernanza, desde el local hasta la UE, deben esforzarse por ofrecer a los jóvenes agricultores las condiciones de vida y de trabajo que merecen. 

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